16 16UTC febrero 16UTC 2015

Ahora que estoy en casa , me viene a la cabeza este pedazo de mi diario de a bordo de la ultima travesía atlántica, (desde Mallorca a Cartagena de Indias) y aquí os lo dejo

“Tierra”
Que sientes cuando llegas a tierra?. Esa pregunta me la han hecho infinidad de veces muchas personas, normalmente no navegan y desconocen el mundo de las largas travesías, Josep Conrad les llamaba echaanclas. Pues bien, esa pregunta denota que el que la hace, piensa que esa persona que se pasa tres semanas en un pequeño velero en medio del océano, se las pasa sufriendo, como si fuese una flagelación en toda regla que los que navegamos nos hacemos de vez en cuando para purgar nuestros actos y pecados urbanos y que una vez en paz con nosotros mismos, véase después del castigo de las tres semanas navegando, estamos limpios y preparados otra vez para volver a la “ tierra”. Cuando la realidad es otra, podemos por un tiempo levantar el pie del acelerador y el estrés “terráqueo” y pensar tranquilamente sobre la vida, podemos vivir intensamente durante unas semanas en plena naturaleza, en plena libertad, rodeados de energía vital y dependiendo de nosotros mismos, todo un ejercicio de autoestima, conocimiento interior y de autocontrol.
La “tierra” a la que se suelen referir, es a la del asfalto, coches, humo , polución , prisas, malos rollos, trabajos mal pagados, tragedias, desgracias , rutinas , situaciones que no controlamos, etc. (claro que también hay algunas cosas buenas). Todo un rosario de cosas no demasiado buenas, conocidas, aceptadas como algo cotidiano, normal y común para casi todo el mundo.
Los que tenemos la suerte de navegar, sea por placer o porque es nuestro “modus vivendi”, sabemos que no todos tienen acceso a este mundo y que cuando opinan que esa “tierra” les da una seguridad y que los que nos metemos en un cascarón en medio de millones y millones de litros de agua salada alrededor, sin un supermercado, una farmacia, o un hospital en miles de kilómetros a la redonda, estamos poco más que chalados, es porque desconocen este tipo de vida. Sin embargo, ante una hipotética disponibilidad de toda esa gente a poder navegar, una gran mayoría desecharían la idea de inmediato por descabellada, jamás lo harían, la seguridad de su vida está en la “tierra”, la misma que hemos descrito antes y que casi todos aceptan. Creo que no es por desconocimiento, porque muchos no sabemos lo que es tener un castillo y a la gran mayoría, si se lo regalan, aunque desconozcan lo que es tener uno, lo aceptan de inmediato. Tener los pies en la “tierra” aunque estén expuestos a tantos peligros conocidos les da confianza, no deja de ser curioso esa contradicción.
Quizás no sea una razón absoluta lo aquí expuesto, pero es mi punto de vista, al fin y al cabo otro punto de vista, sin ánimo de convencer a nadie, que cada uno se quede donde quiera o pueda. A los que navegamos nos va bien este pequeño mundo, sin tanta masificación y tanto estrés, y cuando los echaanclas nos pregunten que sentimos cuando llegamos a “tierra”, contestemos lo que contestemos siempre pensarán que nos hemos librado de una buena y nosotros sabremos que siempre tendremos un mar hermoso esperando para una nueva singladura.

2 Comments

  1. Aina

    Una preciosa y sabia reflexión. Sigue contándonos tus pensamientos de alta mar, a los terrícolas nos vienen de lujo.
    Un abrazo!!!

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  2. google

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